Grifaldo Toledo, Jorge

viernes, 28 de noviembre de 2014

Poema de Viernes (a través de Mª Pilar Couceiro)

Un poema de una mujer fuerte, luchadora y apasionada... de esas mujeres que suele dar miedo a la sociedad que la rodea...


Llamada "la Safo del Romanticismo", fue muy crítica con los ideales de la sociedad
burguesa de la época y sus roles  tradicionales de género. Tuvo una profunda relación
con el filólogo Georg Friedrich Kreuzer, quien intentó divorciarse de su esposa, pero el
escándalo público le produjo a éste una depresión que derivó en enfermedad. Karoline,
creyendo que él moriría, se suicidó con un puñal en las orillas del río Rhin.
Merece la pena leer la novela de Javier García Sánchez, Última carta de amor de Carolina von
der Günderrode a Bettina Bretano, en la que se narran estos sucesos, a partir de cartas reales
entre ambas amigas.




 
En horas mudas, graves, te hice una guirnalda,
en soledad sagrada, de pensamiento absorto,
con flores extraídas de edades diferentes,
abiertas para mí.

Ahora sé por ti mismo, el sentido logrado,
que sólo se vislumbra en el fondo del cáliz,
visible en las miradas de ojos instruidos,
espíritus callados.

Así en Oriente, trenzan guirnaldas las muchachas,
guirnaldas de colores, para el encantamiento,
que las flores disputan,

y Uno se hace consciente de la hondura sentida,
como símbolo externo, que habla y calla sincrónico,
pero es signo constante.


Karoline von der Günderrode (Karlsruhe, 1780 – Winkel, 1806), Dedicatoria




Ich habe Dir in ernsten stillen Stunden,
Betrachtungsvoll in heil'ger Einsamkeit,
Die Blumen dieser und vergangner Zeit,
Die mir erblüht, zu einem Kranz gewunden.

Von Dir, ich weiß es, wird der Sinn empfunden,
Der in des Blüthenkelchs Verschwiegenheit
Nur sichtbar wird dem Auge, das geweiht
Im Farbenspiel den stillen Geist gefunden.

Es flechten Mädchen so im Orient
Den bunten Kranz; daß vielen er gefalle,
Wetteifern unter sich die Blumen alle.

Doch Einer ihren tiefern Sinn erkennt,
Ihm sind Symbole sie nur, äußre Zeichen;
Sie reden ihm, obgleich sie alle schweigen.   

Karoline von der Günderrode (Karlsruhe, 1780 – Winkel, 1806), Zueignung


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