Grifaldo Toledo, Jorge

viernes, 5 de abril de 2013

Poema de Viernes (a través de Mª Pilar Couceiro)


Hoy, el poema de viernes que nos ofrece Piluka está dedicado a la risa... así que os añado también un poema suyo que nos envió para celebrar la entrada del 2013, escrito en clave jocunda...





Hoy, la bendita risa: Nuestro escritor más mordaz
describe en este espléndido Soneto cómo un casado
se burla del amante de su esposa.
 
 
Dícenme, don Jerónimo, que dices
que me pones los cuernos con Ginesa;
yo digo que me pones casa y mesa;
y en la mesa, capones y perdices.
 
Yo hallo que me pones los tapices
cuando el calor por el octubre cesa;
por ti mi bolsa, no mi testa, pesa,
aunque con molde de oro me la rices.
 
Este argumento es fuerte y es agudo:
tú imaginas ponerme cuernos; de obra
yo, porque lo imaginas, te desnudo.
 
Más cuerno es el que paga que el que cobra;
ergo, aquél que me paga es el cornudo,
lo que de mi mujer a mí me sobra.
 
 
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1580 - Villanueva de los Infantes, 1645)








Queridos amigos: En clave jocunda, y para endulzar un poco la salida
de este peliagudo año, recupero un poema que escribí hace bastantes
años, a propósito de la llegada a Cartago de Eneas, cuya historia fue
cantada por Virgilio en La Eneida.
Imaginad la escena. Acates, o Ilioneo, o algún otro servidor troyano
es enviado por Eneas a un muy urgente recado de índole familiar.
Por aquellos tiempos no existían los teléfonos móviles, (aunque parece
ser que sí había cabinas de esas rojas, como las inglesas).
El servidor, apurado, llama al 11888 para recabar datos que le
permitan cumplir con su mandado. (Dos de mosqueo para los
detectores de anacronismos, que alguno hay entre nuestro grupo).
Como se supone que nosotros estamos junto al criado, no nos llega
la voz de su interlocutor, pero el diálogo se reconstruye bien,
aunque sólo oigamos una parte.
 

Farmacia de guardia cartaginesa

[…]
¿Información?
[…]
Sí, gracias. Yo quisiera
saber si aquí, en Cartago,
hay farmacias abiertas los domingos.
[…]
¿Dos?
[…]
Dígame las señas,
si es usted tan amable.
[…]
A veeeer, junto al Palacio de la Reina…
[…]
y otra en el extrarradio.
Y ¿sabe si tendrán allí Dodotis?
[…]
Es por Eneas.
[…]
Sí. ¿No lo conoce?
[…]
Pues es ese troyano
que llegó hace unos días. Tiene un hijo,
entre nosotros, es insoportable,
malcriado, todo un zangolotino
que aún no pide pis, y ¡ya seis años!
[…]
Y eso no es lo peor: es que mi jefe
tiene también un padre muy anciano
que sufre incontinencia
(ya sabe usted, la próstata).
[…]
Así que sin Dodotis
de niños y de viejos,
ya me dirá qué puede hacer un héroe
por muy pío que sea.
[…]
Estas cosas las calla su cronista,
un mantuano muy fino,
por aquello de estilos elevados,
que, claro, no permiten
hacer versos de pises y de cacas.
[…]
Adiós, señor, y gracias por oírme tan atento.
[…]
A veces es tan bueno un desahogo
con un desconocido…
Pero me voy pitando a la farmacia.


María Pilar Couceiro



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