Grifaldo Toledo, Jorge

viernes, 4 de octubre de 2013

Poema de Viernes (a través de Mª Pilar Couceiro)

Entre tormenta y tormenta de este viernes refrescante decidido a limpiar las almas de los pesasoros, encontraremos un pequeño refugio donde leer este bello y duro poema de Eich... disfrutadlo.



Theodor Adorno pronunció la estremecedora sentencia: "Escribir poesía después
de Auschwitz es un acto de barbarie".
Algo similar podría pensarse desde los mismísimos orígenes del Canto Épico,
pero la poesía demuestra, a través de los siglos, que sobrevive, posiblemente
por esa intrínseca necesidad de belleza que poseen todas las generaciones.
Günter Eich fue hecho prisionero en la Segunda Guerra Mundial pero sobrevivió
para fundar en 1947, junto a otros autores y críticos alemanes, el Grupo 47, que tenía
por objetivo revitalizar la literatura alemana de posguerra.



¿Quién quiere vivir sin el regalo de los árboles?
aunque sus ramas mueran lentamente,
melocotones segados, ciruelas desteñidas,
mientras bajo la arcada cruje el tiempo.

Al vuelo de las aves encomiendo mi desesperación
pues concede con sosiego su parte de eternidad,
sus caminos.
Se muestra en el follaje como una fuerza oscura,
el batir de colores de alas y de frutas.

Seamos pacientes.
Pronto la fuente-pájaro nos será revelada,
debajo de la lengua gustamos la moneda.


Günter Eich (Brandenburgo, 1907 - Salzburgo, 1972), Embajadas de la lluvia



Wer möchte leben ohne den Trost der Bäume!
Wie gut, dass sie am Sterben teilhaben!
Die Pfirsiche sind geerntet, die Pflaumen färben sich,
während unter dem Brückenbogen die Zeit rauscht.

Dem Vogelzug vertraue ich meine Verzweiflung an.
Er misst seinen Teil von Ewigkeit gelassen ab.
Seine Strecken
werden sichtbar im Blattwerk als dunkler Zwang,
die Bewegung der Flügel färbt die Früchte.

Es heißt Geduld haben.
Bald wird die Vogelschrift entsiegelt,
unter der Zunge ist der Pfennig zu schmecken.
 




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