Grifaldo Toledo, Jorge

domingo, 5 de junio de 2016

Poema de viernes (a través de Mª Pilar Couceiro)

Un lugar idílico entre el sueño y la realidad para amenizar este fin de semana...


Este poeta, que nadó entre el escepticismo, el esoterismo y la mística, fue figura señera del renacimiento
literario irlandés, cofundador del Abbey Theatre, relacionado con la corriente pictórica prerrafaelista, llegó
a ser senador. En su poesía se trufa lo visionario y lo simbólico, llegando hasta la alucinación, que lo conduce
en una etapa hacia la escritura automática. 
En 1923 recibió el Premio Nobel.

 
Me levantaré, me pondré en marcha, e iré a Innisfree,

construiré una choza, de ladrillo y espinos:
nueve surcos de habas habrá y un panal melibeo,
y viviré yo solo, arrullado en susurros.

Y tendré algo de paz, porque la paz se acerca, goteando con calma,
gotas desde los velos de la mañana hasta el grillo cantor;
en ese punto de la medianoche donde la luz es tenue, y la siesta escarlata
y el crepúsculo pleno de alas de gorriones.

Me levantaré, me pondré en marcha, día y noche,
mientras escucho el agua que chapotea leve,
mientras me quedo quieto en el camino o en el gris asfalto, 
la oigo en lo más hondo de este corazón mío.


William Butler Yeats (Dublin, 1865-Manton -Francia- 1959), La isla del lago de Innisfree


I will arise and go now, and go to Innisfree,
And a small cabin build there, of clay and wattles made;
Nine bean-rows will I have there, a hive for the honey-bee,
And live alone in the bee-loud glade.

And I shall have some peace there, for peace comes dropping slow,
Dropping from the veils of the morning to where the cricket sings;
There midnight’s all a glimmer, and noon a purple glow,
And evening full of the linnet’s wings.

I will arise and go now, for always night and day
I hear lake water lapping with low sounds by the shore;
While I stand on the roadway, or on the pavements grey,
I hear it in the deep heart’s core.


William Butler Yeats (Dublin, 1865-Manton -Francia- 1959), The Lake Isle of Innisfree



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viernes, 27 de mayo de 2016

Poema de viernes (a través de Mª Pilar Couceiro)

Hoy tornamos la vista a los orígenes de la autoría... Siglo XII... Austria... halcones y sedas... deseo y ahnelo...


Estamos ante uno de los primeros poetas con nombre conocido de la literatura alemana,
escrita en mittelhochdeutsche (alto alemán medio). El poema de hoy es el más conocido,
en una antigua forma llamada Nibelungenstrophe (verso largo). Apenas se conserva de
él una treintena de versos, suficientes, sin embargo, para el canon poético (¡qué maravilla,
la eternidad por un verso!). 


"Moonsoul", de Brenda Lyons

 
Crié un halcón durante más de un año.
Cuando lo hube adiestrado, según mi deseo,
cuando hube adornado con oro su plumaje,
voló al cielo, huyendo a otro país.


Vi muchas veces al bello halcón volando:
lucía pihuelas de seda en sus pies,
sus plumas fulguraban, todas de rojo y oro.
¡Ay, si Dios reuniera a quienes se desean!


El Señor de Kürenberg (Austria, mm. s. XII), Canción del halcón





Ich zôch mir einen valken mêre danne ein jâr.
dô ich in gezamete als ich in wolte hân
und ich im sîn gevidere mit golde wol bewant,
er huop sich ûf vil hôhe und floug in anderiu lant.


Sît sach ich den valken schône fliegen:
er fuorte an sînem fuoze sîdîne riemen,
und was im sîn gevidere alrôt guldîn.
got sende si zesamene die gerne geliep wellen sin!


Herr von Kürenberg (Österreich, s. XII), Falkenlied



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domingo, 22 de mayo de 2016

Luar (Luz de luna, a través de Mª Pilar Couceiro)

Noche de plenilunio... noche de sueños y ensueños... noche para disfrutar de un nuevo cuento que nos manda Piluka...


La casa encantada
-Leyenda popular-

Óleo de Bárbara Rosbe Felisky
Una joven soñó una noche que caminaba por un extraño sendero campesino, que ascendía por una colina boscosa cuya cima estaba coronada por una hermosa casita blanca, rodeada de un jardín. Incapaz de ocultar su placer, llamó a la puerta de la casa, que finalmente fue abierta por un hombre muy, muy anciano, con una larga barba blanca. En el momento en que ella empezaba a hablarle, despertó.

Todos los detalles de este sueño permanecieron tan grabados en su memoria, que por espacio de varios días no pudo pensar en otra cosa. Después volvió a tener el mismo sueño en tres noches sucesivas. Y siempre despertaba en el instante en que iba a comenzar su conversación con el anciano. Pocas semanas más tarde la joven se dirigía en automóvil a una fiesta de fin de semana. De pronto, tiró de la manga del conductor y le pidió que detuviera el auto. Allí, a la derecha del camino pavimentado, estaba el sendero campesino de su sueño.

-Espéreme un momento -suplicó, y echó a andar por el sendero, con el corazón latiéndole alocadamente.

Ya no se sintió sorprendida cuando el caminito subió enroscándose hasta la cima de la boscosa colina y la dejó ante la casa cuyos menores detalles recordaba ahora con tanta precisión. El mismo anciano del sueño respondía a su impaciente llamada.

-Dígame -dijo ella-, ¿se vende esta casa?

-Sí -respondió el hombre-, pero no le aconsejo que la compre. ¡Un fantasma, hija mía, frecuenta esta casa!

-Un fantasma -repitió la muchacha-. Santo Dios, ¿y quién es?

-Usted -dijo el anciano, y cerró suavemente la puerta.

lunes, 16 de mayo de 2016

Poema de viernes (a través de Mª Pilar Couceiro)

Para este largo fin de semana, con lunes festivo en estos lares, Piluka nos ofrece el disfrute del último premio "Francisco Umbral"... una mirada que deriva de la sensualidad a la melancolía...



El premio «Francisco Umbral» de este año recae en este magnífico poeta jerezano, gran admirador del escritor,
el cual durante toda su vida lamentó no tener las dotes poéticas con las que soñaba: "Yo iba para poeta solitario
y me he convertido en prosista bien pagado", se lamenta en una de sus últimas obras.
Caballero Bonald sí lo es, sí es poeta. Autor de doce poemarios, cinco novelas y numerosos ensayos y artículos de prensa.
El poema de hoy se construye alrededor de un verso del mismísimo Luis de Góngora.
  

Óleo de Mstislav Pavlov

Ningún vestigio tan inconsolable
como el que deja un cuerpo
entre las sábanas
y más
cuando la lasitud de la memoria
ocupa un espacio mayor
del que razonablemente le corresponde.

Linda el amanecer con la almohada
y algo jadea cerca, acaso un último
estertor adherido
a la carne, la otra vez adversaria
emanación del tedio estacionándose
entre los utensilios volubles
de la noche.
Despierta, ya es de día, mira
los restos del naufragio
bruscamente esparcidos
en la vidriosa linde del insomnio.

Sólo es un pacto a veces, una tregua
ungida de sudor, la extenuante
reconstrucción del sitio
donde estuvo asediado el taciturno
material del deseo.
Rastros
hostiles reptan entre un cúmulo
de trofeos y escorias, amortiguan
la inerme acometida de los cuerpos.

A batallas de amor campo de plumas.

  
José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926), A batallas de amor campo de plumas


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domingo, 8 de mayo de 2016

Poema de viernes (a través de Mª Pilar Couceiro)

Esta semana Piluka nos ofrece la posibilidad de deleitarnos con una de tantas poetas/poetisas (utilícese la palabra que más guste) que apenas se tuvieron en cuenta en una época en la que sólo se daba visibilidad a los hombres... pero en ese magnífico grupo del 27 había mujeres creadoras... y muy buenas...


Esta poetisa, educada en un ambiente de alta cultura y que desde temprana edad
dominaba varias lenguas, pertenece a "las otras" del 27, mujeres universitarias,
intelectuales, creadoras, a las que la época y el canon literario soslayó, mientras
destacaba a los varones del grupo, si bien, Gerardo Diego la incluye en su Antología
de 1934. Casada con Juan José Domenchina, secretario personal de Manuel Azaña,
tras el golpe de 1936, marchó al exilio, siendo traductora para el Fondo de Cultura
Económica de México durante largos años. Es autora de doce libros de poemas,
además del cultivo del periodismo.
  

"Sensualidad", óleo de Dorimar Carvalho Moraes

 Te esperaré apoyada en la curva del cielo
y todas las estrellas abrirán para verte
sus ojos conmovidos.
Te esperaré desnuda.
Seis túnicas de luz resbalando ante ti
deshojarán el ámbar moreno de mis hombros.
Nadie podrá mirarme sin que azote sus párpados
un látigo de niebla.
Sólo tú lograrás ceñir en tus pupilas
mi sien alucinada
y mis manos que ofrecen su cáliz entreabierto
a todo lo inasible.
Te esperaré encendida.
Mi antorcha despejando la noche de tus labios
libertará por fin tu esencia creadora.
¡Ven a fundirte en mí!
El agua de mis besos, ungiéndote, dirá
tu verdadero nombre.


Ernestina de Champourcín Morán de Loredo (Vitoria, 1905- Madrid, 1999).


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jueves, 5 de mayo de 2016

Poema de viernes (a través de Mª Pilar Couceiro)

El viernes pasado Piluka nos envió un extra... el audio del poema... un lujo escuchar a uno de nuestros grandes poetas...


Este evocador soneto recoge el mito (muchas veces falso) de que
los rasgos de los seres queridos que ya no están se difuminan con
el tiempo. Seguro que desde la primera línea, algunos ya localizáis
al autor. En este sentido, está extendida la idea de que los poetas
son los peores lectores de sus propios poemas, pero escuchar la
voz de un mito siempre estremece.
  

"De olvido y piedra", óleo de Guadalupe Figueroa


¿Cómo era, Dios mío, cómo era?
—¡Oh, corazón falaz, mente indecisa!—
¿Era como el pasaje de la brisa?
¿Como la huida de la primavera?

Tan leve, tan voluble, tan ligera
como estival villano... ¡Sí! Imprecisa
como sonrisa que se pierde en risa...
¡Vana en el aire, igual que una bandera!

¡Bandera, sonreír, vilano, alada
primavera de junio, brisa pura!...
¡Qué loco fue tu carnaval, qué triste!

Todo tu cambiar trocóse en nada
—¡memoria, ciega abeja de amargura!—
¡No sé cómo eras, yo que sé qué fuiste!


Juan Ramón Jiménez (Moguer, 1881-San Juan de Puerto Rico, 1958), Retorno fugaz (Sonetos espirituales)




Retorno fugaz
de Juan Ramón Jiménez,
leído por el autor.



    Editora del fonograma:
    Visor Libros




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sábado, 23 de abril de 2016

Luar (Luz de luna, a través de Mª Pilar Couceiro)

Y los eventos de aglutinan en este fin de semana: Plenilunio, Cervantes y Shakespeare... y Piluka se desdobló ayer para enviarnos todo a tiempo y poder aporta su granito de arena a los homenajes a estos dos grandes escritores de su tiempo...


Perdón por agobiaros, pero los eventos se superponen. Hoy es Luna Llena (Luar) y además de Cervantes, tenemos el mismo día la conmemoración de otro tetracentenario, William Shakespeare, nada menos. 

El considerado (además de nuestro don Miguel) mejor escritor de todos los tiempos cultivó el teatro y la poesía, pero no la narrativa. A principios del siglo XIX, época de grandes filólogos anglosajones y germanos, los hermanos Lamb llevaron a cabo varias versiones de la obra de Shakespeare en formato de Cuentos. Con ello, contribuyeron a la difusión de la obra del genio inglés.


El cuento de Macbeth

William Shakespeare (1564-1616)
Versión de Charles Lamb (1775-1834) y Mary Lamb (1864-1847)
Durante el reinado de Duncan el Dócil, vivía en Escocia un jefe de clan o barón llamado Macbeth. Este tal Macbeth era pariente cercano del rey y un personaje muy estimado en la corte por su valor y su comportamiento en las guerras; precisamente acababa de dar muestras de ello al derrotar a un ejército rebelde reforzado con gran número de tropas noruegas.
Los dos generales escoceses, Macbeth y Banquo, volvían victoriosos de la gran batalla y pasaban por un páramo azotado por la tormenta cuando los detuvo la extraña presencia de tres figuras semejantes a mujeres, aunque por el hecho de llevar barba y tener la tez curtida y la vestimenta descuidada no parecían criaturas de esta tierra. Macbeth fue el primero en dirigirse a dichas figuras, pero ellas, aparentemente ofendidas, les ordenaron guardar silencio, llevándose los dedos temblorosos a los labios cuarteados; acto seguido, la primera saludó a Macbeth, nombrándolo con el título de barón de Glamis. Mucho se asombró el general al descubrir que resultaba conocido a tales criaturas; pero mayor fue su asombro cuando la segunda lo saludó dándole el título de barón de Cawdor, un honor al que no tenía derecho; y la tercera lo saludó con estas palabras: «¡Salve, Macbeth, que en el futuro serás rey!». Un saludo tan profético le chocó, por cuanto sabía perfectamente que no tenía esperanza alguna de acceder al trono mientras vivieran los hijos del rey. Luego, volviéndose hacia Banquo, las figuras declararon, con enigmáticas palabras, que era «menos grande que Macbeth y más grande, no tan feliz, pero mucho más feliz». Y le presagiaron que, si bien él nunca llegaría a reinar, sus hijos serían reyes de Escocia. Acto seguido, se convirtieron en aire y desaparecieron. Así pues, los generales tomaron conciencia de que se trataba de brujas o seres sobrenaturales.
Mientras permanecían en el lugar, pensando en la extraña aventura, llegaron unos mensajeros del rey dotados de los poderes necesarios para conferir a Macbeth el título de barón de Cawdor. El hecho se correspondía de forma tan milagrosa con las predicciones de las brujas que Macbeth, asombrado, se quedó de una pieza, incapaz de responder a los mensajeros. En ese momento, su mente empezó a abrigar la esperanza de que el presagio de la tercera bruja también se cumpliera y que, por tanto, algún día llegara a ser rey de Escocia.
Volviéndose hacia Banquo, dijo:
—¿No tienes la esperanza de que tus hijos sean reyes, ahora que una de las promesas que me hicieron las brujas se ha hecho realidad de manera tan milagrosa?
—Esa esperanza —respondió el general— podría impulsarte a aspirar al trono. Sin embargo, los agentes de las tinieblas nos dicen la verdad en cosas pequeñas para traicionarnos e inducirnos a actos de consecuencias terribles.
Las pérfidas sugerencias de las brujas calaron, no obstante, en la mente de Macbeth, de tal modo que no prestó atención a las advertencias del bueno de Banquo. A partir de ese momento, todos sus pensamientos se centraron en la conquista del trono de Escocia.
Macbeth tenía una esposa a la cual comunicó la extraña predicción de las brujas y su cumplimiento parcial. Era ella una mujer malvada y ambiciosa y no le importaban los medios para conseguir poder para ella y su esposo. Incitó a alcanzar el objetivo al reacio Macbeth, el cual pensaba en la sangre y sentía escrúpulos, y no cesó de describir el asesinato del rey como un paso imprescindible para que se cumpliera tan halagadora profecía.
Ocurrió por esas fechas que el rey, quien en virtud de su real cargo visitaba con frecuencia y cordialidad a los principales nobles de su reino, fue al castillo de Macbeth acompañado de sus dos hijos, Malcolm y Donalbain, y de un gran séquito de barones y servidores, para mostrarle su agradecimiento por los éxitos y triunfos cosechados en las guerras.
El castillo de Macbeth estaba situado en lugar ameno y el aire que lo rodeaba era suave y apacible, como lo demostraban los nidos construidos por los vencejos o las golondrinas bajo las cornisas y los contrafuertes del edificio; pues donde más habitan y se multiplican estas aves, más es el aire delicado. El rey entró encantado en el palacio y más lo estuvo cuando recibió las atenciones y el respeto de su anfitriona, lady Macbeth, poseedora del arte de esconder tras sonrisas los propósitos traicioneros; podía parecer una cándida flor, bajo la cual se ocultaba, sin embargo, la serpiente.
El rey, agotado por el viaje, se retiró pronto a su aposento. Como era costumbre, dos ayudas de cámara dormían a su lado en el cuarto. Particularmente encantado con la recepción, había hecho regalos a sus principales oficiales; además, regaló un precioso diamante a lady Macbeth y la llamó su más amable anfitriona.
Era plena noche, cuando la mitad de la naturaleza parece muerta, pérfidos sueños invaden las mentes de los hombres y solo el lobo y el asesino permanecen despiertos. Lady Macbeth aprovechó el momento para urdir la trama con el fin de asesinar al rey. No habría cometido un crimen tan execrable para su sexo de no haber sido porque temía el carácter de su esposo, demasiado lleno de la leche de la amabilidad humana para perpetrar el asesinato planeado. Lo sabía ambicioso, pero también lleno de escrúpulos y carente de la preparación necesaria para cometer ese crimen supremo que, en última instancia, suele acompañar a la ambición desmesurada. Ella lo había inducido a aprobar el asesinato, pero dudaba de su resolución; y temía que la ternura natural de su personalidad (más humana que la suya) se interpusiera y frustrara el propósito. Así pues, se acercó a la cama del rey armada con un puñal; antes, ya se había encargado de emborrachar con vino a los ayudas de cámara que, olvidando su cometido, dormían intoxicados. Duncan, por su parte, dormía a pierna suelta, y cuando ella lo miró de cerca, vio en su cara unos rasgos que parecían los de su propio padre; de tal modo que ya no tuvo el valor de seguir adelante.
Volvió a hablar con su marido. La resolución de este había empezado a tambalearse. A su juicio, había importantes razones que desaconsejaban el crimen. En primer lugar, no solo era un súbdito, sino también un pariente cercano del rey; y era ese día su anfitrión, cuyo deber consistía, según las leyes de la hospitalidad, en cerrar las puertas a los asesinos y en no empuñar la daga contra su huésped. Luego pensó cuán justo y clemente había sido Duncan como rey, cuán libre de actitudes ofensivas contra sus súbditos, cuán afectuoso con la nobleza y sobre todo con él; y consideró que reyes como este representan una protección especial del cielo y que sus súbditos están doblemente obligados a vengar su muerte. Además, debido a los favores del rey, Macbeth era muy estimado por toda clase de personas, ¡y cómo quedaría manchada esa reputación por un asesinato tan vil!

Homenaje a Cervantes en Poema de viernes (a través de Mª Pilar Couceiro)

Ayer, Piluka cambió su habitual sección de poesía por un texto en el que Cervantes habla de lo que significa para él este género literario.


Yo que siempre trabajo y me desvelo
por parecer que tengo de poeta
la gracia que no quiso darme el cielo. 

        Cervantes, Viaje del Parnaso (vv. 25-27) 


(Nota de edición). Cervantes confiesa, más allá de retóricas -o de parodias- que se siente fracasado. Se siente fracasado porque lo que quería era ser poeta, ya que serlo en los Siglos de Oro significaba alcanzar el punto más alto de la gloria literaria. Fracaso: posiblemente, una de las sensaciones más decepcionantes para el ser humano. El dolor se supera; la desilusión, no. En términos actuales, Cervantes fue víctima de una "presión mediática" que lo desbordaba [...] Era un poeta escaso y lo supo. Y menos mal, porque tal vez a eso debamos nada menos que El Quijote. (M. P. Couceiro, en Cervantes y los géneros literarios, Vigo, Anuario de Estudios Cervantinos, 12, 2016, pp. 83-98.)


Mañana, 23 de abril, se cumplen 400 años de la muerte de nuestro mejor legado internacional. Como humilde homenaje, y excepcionalmente, no incluyo poesía sino la propias y magníficas palabras del autor sobre el género:

Alonso Quijano leyendo libros de caballerías, grabado de Gustave Doré

La poesía, señor hidalgo, a mi parecer, es como una doncella tierna y de poca edad, y en todo extremo hermosa, a quien tienen cuidado de enriquecer, pulir y adornar otras muchas doncellas, que son todas las otras ciencias, y ella se ha de servir de todas, y todas se han de autorizar con ella [...] Ella es hecha de una alquimia de tal virtud, que quien la sabe tratar la volverá en oro purísimo de inestimable precio; hala de tener, el que la tuviere, a raya, no dejándola correr en torpes sátiras ni en desalmados sonetos,  no ha de ser vendible en ninguna manera, si ya no fuere en poemas heroicos, en lamentables tragedias o en comedias alegres y artificiosas; no se ha de dejar tratar de los truhanes, ni del ignorante vulgo, incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se encierran.  [...] Y, así, el que con los requisitos que he dicho tratare y tuviere a la poesía, será famoso y estimado su nombre en todas las naciones políticas del mundo. Y a lo que decís, señor, que vuestro hijo no estima mucho la poesía de romance, me doy a entender que no anda muy acertado en ello, y la razón es esta: el grande Homero no escribió en latín, porque era griego, ni Virgilio no escribió en griego, porque era latino; en resolución, todos los poetas antiguos escribieron en la lengua que mamaron en la leche, y no fueron a buscar las extranjeras para declarar la alteza de sus conceptos; y siendo esto así, razón sería se extendiese esta costumbre por todas las naciones, y que no se desestimase el poeta alemán porque escribe en su lengua, ni el castellano, ni aun el vizcaíno que escribe en la suya. [...] También digo que el natural poeta que se ayudare del arte será mucho mejor y se aventajará al poeta que solo por saber el arte quisiere serlo: la razón es porque el arte no se aventaja a la naturaleza, sino perfecciónala; así que, mezcladas la naturaleza y el arte, y el arte con la naturaleza, sacarán un perfectísimo poeta. Sea, pues, la conclusión de mi plática, señor hidalgo, que vuesa merced deje caminar a su hijo por donde su estrella le llama, que siendo él tan buen estudiante como debe de ser, y habiendo ya subido felizmente el primer escalón de las ciencias, que es el de las lenguas, con ellas por sí mismo subirá a la cumbre de las letras humanas, las cuales tan bien parecen en un caballero de capa y espada y así le adornan, honran y engrandecen como las mitras a los obispos o como las garnachas a los peritos jurisconsultos. Riña vuesa merced a su hijo si hiciere sátiras que perjudiquen las honras ajenas, y castíguele, y rómpaselas; pero si hiciere sermones al modo de Horacio, donde reprehenda los vicios en general, como tan elegantemente él lo hizo, alábele, porque lícito es al poeta escribir contra la envidia, y decir en sus versos mal de los envidiosos, y así de los otros vicios, con que no señale persona alguna. [...] Si el poeta fuere casto en sus costumbres, lo será también en sus versos; la pluma es lengua del alma: cuales fueren los conceptos que en ella se engendraren, tales serán sus escritos; y cuando los reyes y príncipes ven la milagrosa ciencia de la poesía en sujetos prudentes, virtuosos y graves, los honran, los estiman y los enriquecen, y aun los coronan con las hojas del árbol a quien no ofende el rayo, como en señal que no han de ser ofendidos de nadie los que con tales coronas ven honradas y adornadas sus sienes.

Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 1546-Madrid, 1616), Don Quijote de la Mancha, II-XVI.



(Modernizo parcialmente el lenguaje para los no familiarizados con el castellano de época)